Apenas veinte cuadras desoladas conforman este pueblo a la hora de la siesta. Esteban regresa tras largos años de ausencia al pueblo donde vivió sus veranos de infancia. Vuelve en busca de su padre, para reparar la pérdida y reencontrarse en sus ojos. Pero Cacho siempre está en la ruta, con su camión. Otra vez la desilusión deviene en espera, Esteban recupera la esperanza en Vero, una niña que ya es mujer y sueña con retornar a ese tiempo en que todo parecía perfecto. Esteban y Vero caminan juntos hacia un amor que debió morir hace tiempo. Cuando el pasado se convierte en futuro, los planes ya no existen.
Bela Jordán tiene 80 años y vive en una estancia familiar a orillas del Río Paraná en el interior de Argentina. Viuda aristocrática, dedica su tiempo al ocio activo: lee a orillas del río, arma rompecabezas de 2000 piezas, corta el pasto en tractor y navega en Internet con su laptop. Con la energía física de una adolescente y la sabiduría de una anciana, ella se enorgullece de nunca haber entregado su tiempo a la sociedad de consumo y describe la vejez como “la época más linda de su vida”.
Bela mantiene permanentes conversaciones con Cata, su mucama, en un debate sorprendente de cosas fundamentales y triviales. Mientras Cata cocina, ambas reflexionan sobre la vida y la muerte a medida que Bela se va revelando como alguien lúcido y autoritario, encantador y despiadado, tacaño y bon vivant a la vez.
Cesar, el peón de la estancia, es solitario y misterioso. El sueña con encontrar la mujer de su vida y merodea la casa espiando a Bela con el miedo obsesivo de encontrarla muerta. Su pasividad y sus miedos son mudos, ya que así como Cata es una voz que nunca aparece en cámara, Cesar es una presencia que no habla.
Como las piezas de los rompecabezas que Bela arma, el universo de estos tres seres se va desplegando poco a poco y el tiempo progresa fragmentado en un exuberante entorno que se revela de a pedazos.
Todo parece encajar cuando Bela recuerda la primera vez que escuchó la palabra diletante y pensó que eso quería ser cuando fuera grande: “alguien sin otra ambición en la vida que la diversión”
Este íntimo retrato que comienza en Holanda, es realizado por su hija, quien regresa a la Argentina después de 20 años, cerrando un recorrido personal e inmortalizando la anárquica condición de su madre.
Retazos de viajes que emprenden mujeres de distintas regiones de la Argentina por el territorio de las coplas y el canto con caja. En un pueblo al norte del país, hay una pastora que envejece y siente que olvida las coplas. Una joven cantante de Buenos Aires viaja a conocerla. Juntas se trasladan a otro pueblo, en donde se está preparando un Encuentro de Copleros. Allí irán llegando más mujeres, cada una con su decir de coplas, toda una expresión de su sentir sobre la vida. En ese encuentro de voces, este arte poético y musical de transmisión oral intenta resistir el olvido.



